jueves, 17 de julio de 2014

Los estudios del futuro consisten en el estudio sistemático de futuros posibles, probables y preferibles, incluidas las visiones del mundo y los mitos que subyacen a cada futuro. Durante los últimos cincuenta años aproximadamente, el estudio del futuro ha pasado de predecir el futuro para determinar futuros alternativos a configurar los futuros deseados, tanto a nivel colectivo y externo como a nivel individual e interno (Masini 1993; Bell 1996; Amara 1981; Sardar 1999; Inayatullah 2000; Saul 2001).
A lo largo de este periodo, los estudios del futuro han pasado de centrarse en el mundo externo y objetivo a adoptar un enfoque estratificado en el que nuestra manera de ver el mundo configura el futuro que vemos (Inayatullah 2002). En este enfoque crítico de los estudios del futuro (el giro postestructural), el mundo externo se ve influido por el interno y, de manera crucial, el mundo interior de una persona se ve influido por la realidad exterior. Mientras que muchos recurren a los estudios del futuro para reducir riesgos y evitar los futuros negativos, sobre todo el peor de los casos, otros tratan activamente de crear futuros deseados, con visiones positivas del futuro (Masini 1983). Por tanto, la identificación de futuros alternativos es un baile fluido de estructura (los pesos de la historia) y de acción (la capacidad de influir en el mundo y crear los futuros deseados).
A medida que el mundo se vuelve cada vez más arriesgado, por lo menos en cuanto a su percepción, si no de hecho, los estudios del futuro son adoptados con entusiasmo por equipos de liderazgo ejecutivo y en los departamentos de planificación de organizaciones, instituciones y naciones de todo el mundo. Mientras que los estudios del futuro se adaptan cómodamente a modo de función ejecutiva ofreciendo una visión global, aún se sigue apreciando una serie de tensiones tangibles entre los marcos de la planificación y los estudios del futuro. La planificación pretende controlar y cerrar el futuro, mientras que los estudios del futuro lo que pretenden es abrirlo, avanzando desde “el” futuro único hasta los futuros alternativos.
Para comprender el futuro o los futuros, se necesita un marco teórico coherente. Hay cuatro enfoques que resultan clave para la prospectiva (Inayatullah 1990). El primero es predictivo, basado en las ciencias sociales empíricas. El segundo es interpretativo, basado no en la previsión del futuro, sino en la comprensión de imágenes del futuro contradictorias entre sí. El tercero es crítico, derivado del pensamiento postestructural y centrado en averiguar quién se beneficia de la comprensión de determinados futuros y qué metodologías privilegian a ciertos tipos de estudios del futuro. Mientras que se evitan las pretensiones de verdad, no ocurre lo mismo con el precio de la epistemología: toda decisión derivada del conocimiento privilegia la realidad de diversas maneras (Shapiro 1992; Foucault 1973). El cuarto enfoque consiste en el aprendizaje o investigación mediante la acción participativa. Este enfoque es mucho más democrático y se centra en los grupos de interés que desarrollan su propio futuro, basándose en sus supuestos del futuro (por ejemplo, si el futuro es lineal o cíclico) y los aspectos que les resulten críticos (Inayatullah 2007).
Aunque resulte útil disponer de una teoría del futuro, aún sigue siendo necesario establecer un marco conceptual que nos permita comprender el futuro. Entre los distintos enfoques disponibles, se encuentra el de los Seis Pilares (Inayatullah 2008). El primer pilar consiste en la “Planificación del futuro”, cuyo método principal es el triángulo de futuros (Inayatullah 2002; 2007). El segundo pilar es el de la “Anticipación del futuro”, cuya metodología central consiste en el análisis de problemáticas emergentes (Molitor 2003). El tercer pilar es la “Temporización del futuro”, con la micro, meso y macrohistoria (Galtung e Inayatullah 1997) como “metodologías” más útiles. El cuarto pilar es la “Profundización en el futuro”, que se fundamenta en el análisis causal estratificado (Inayatullah 2004), aunque dicho análisis sea también una teoría de los estudios del futuro. El quinto pilar consiste en la “Creación de alternativas”, empleando como metodología más importante la planificación de escenarios. El sexto y último eje, la “Transformación del futuro”, tiene como metodologías más importantes la visión de futuro y la retrospectiva (Boulding 1995).

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