viernes, 1 de mayo de 2015

Storytelling, el arte de comunicar

Érase una vez… Este principio de cuento lo hemos oído y leído en incontables ocasiones y siempre tiene el mismo fin: engancharnos a una historia con la que, probablemente, acabemos sintiéndonos identificados ¡Esto si en siete segundos la historia ha conseguido captar nuestro interés!
El ser humano ha nacido con esa predisposición a escuchar historias (somos adictos a ellas) y, además, ¡estamos diseñados para querer conocer el final!
En la actualidad, miles de historias circulan a nuestro alrededor, siendo numerosas las informaciones que nos impactan desde distintos canales. Este hecho ha supuesto que, en muchas ocasiones, no prestemos atención a esas comunicaciones o simplemente las recibamos de manera transversal. Y es que, es tanta la información que día a día nos llega, que para que enganche tiene que presentarse de una manera completamente distinta. De lo contrario, terminamos obviando la información, con la consecuente frustración que esto conlleva para quien origina y trata de hacernos llegar su historia.
Los 7 segundos
Vivimos en la era de los siete segundos, es decir, tenemos siete segundos para captar el interés de nuestros públicos, impactar sobre ellos y generar empatía. Además, debemos conseguir conectar con el interlocutor desde tres planos distintos: el plano de la intuición, el emocional y el racional.
¿Real o pura ficción para las marcas que compiten por captar el interés de su público?
Los 'marketeros' han aprendido que el héroe de sus historias debe ser la persona que escucha, y no su propia empresa. Asimismo, han comprendido que es importante conseguir y potenciar que el oyente se sienta identificado con el mensaje, que sienta como propia la historia y, de esta manera, cumpla con el objetivo de la compañía: compartirla y volverla a contar. En definitiva, que se conviertan en prescriptores.
Gestionar la economía de la atención
Entonces, ¿qué podemos hacer para captar la atención de nuestro público? Ese público que no deja de ser compañeros que forman parte del mismo barco y que, probablemente, sufren en muchas ocasiones la misma inquietud de no sentirse escuchados. La clave está en aprender a gestionar la economía de la atención mediante el uso de las herramientas comunicativas que estén a nuestro alcance de una manera innovadora, original, pero, sobre todo, divertida (el humor engancha, y es un hecho).
Dentro de nuestra empresa hay que suscitar el mismo interés, o más, que el que queremos generar con nuestros clientes. Hay que involucrar a todo el equipo, que se sientan parte importante de la historia, que se sientan identificados y que lo ordinario se perciba como algo extraordinario.
La diferencia entre la vida laboral y personal cada día es menor, cada vez está más unida. La emoción de una historia provoca la acción de la gente. En el caso de una organización, las personas tienen que sentirse involucradas emocionalmente, compartiendo valores para que actúen y, sobre todo, para generar implicación y compromiso con los objetivos corporativos.

Fuente: rrhhpress.com
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