martes, 23 de junio de 2015

La eficacia de la cooperación internacional – Una mirada desde la sociedad civil

Los objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM), que incluyen la erradicación de la pobreza y la mejora de la salud materna, vencen en 2015. Por lo tanto hay la necesidad de una nueva estrategia – la Agenda de Desarrollo Post-2015, o mejor, los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS).

Después de varios años de planificación la ONU publicó los 17 objetivos finales que deberán ser aprobados por la Asamblea General, gobiernos y la sociedad civil en el Cumbre Especial sobre Desarrollo Sostenible en septiembre 2015. Estos 17 objetivos parecen muy ambiciosos y, aunque incluyen muchas de las mismas ideas de los ODM, también hay aspectos nuevos como el combate del cambio climático o la seguridad de acceso a energías asequibles para toda la gente.

La selección de los objetivos principales era un proceso muy largo y complicado que ha involucrado a muchas entidades. Pero ¿por qué es tan difícil crear un plan realista y sostenible para el desarrollo de nuestro mundo?
Un problema básico es el significado de la palabra “desarrollo” – ¿Qué es, en verdad, el desarrollo? Parece un concepto esquivo con una conceptualización cambiante y de complejidad creciente. Cada institución, cada organización de la sociedad civil, cada persona tiene una comprensión diferente del tema – así, sin una definición fija, es difícil encontrar una estrategia conjunta para conseguir un objetivo.

¿Es la cooperación eficaz?

No se puede negar que hay mejoras en el mundo – el desarrollo está sucediendo. Como resultado del desarrollo global de 1990 a 2010, 700 millones de personas menos viven en condiciones de pobreza extrema y la mortalidad de niños menores de 5 años ha caído un 41%. Seguramente, estos logros son impresionantes pero aún no se han solucionado todos los problemas.

Muchas organizaciones de la sociedad civil, como por ejemplo las ONGs, se preguntan si estos logros fueron conseguidos como resultado de su trabajo, o por otros factores. ¿Esos avances se han debido al esfuerzo de los propios países receptores y a la ayuda de la cooperación internacional? ¿Tiene sentido todo su esfuerzo para mejorar el mundo y son suficientemente eficaces?

Algunos aspectos de la cooperación al desarrollo forman parte de muchas discusiones públicas y son criticados por la mayoría de la gente. Se dice que las actuaciones son escogidas y orientadas según la conveniencia de los donantes, no las necesidades y posibilidades de los receptores de ayuda. Evidentemente eso no puede ser considerado sostenible. Además, el paternalismo de los países y organizaciones donantes genera dependencia y solamente aumenta los retos de los países en cuestión.

Junto con los éxitos del desarrollo, también están ocurriendo estos fracasos. Ahora un asunto central es evitar estos errores. Muchas veces la coherencia es el problema más grave. Con objetivo de mejorar la situación, las ONGs causan efectos secundarios – como la generación de deuda irresponsable, la vinculación de la ayuda a intereses empresariales o geoestratégicos, la vulneración de derechos laborales, medioambientales, culturales o irresponsabilidad fiscal – que serán los próximos retos que deberán afrontarse. Así que se debe trabajar más eficientemente. Hay que solucionar los problemas ya existentes sin la creación de nuevos problemas.

Evidentemente el desarrollo global es el gran objetivo. Y este desarrollo debería ser sostenible, debería ser – por decirlo así – eficaz. La cooperación al desarrollo internacional es el medio principal para lograr este objetivo y para conseguir éxito de forma rápida, también el medio – la ayuda – debe ser eficaz.

¿Cómo se puede aumentar la eficacia?

Ya cuando las organizaciones involucradas diseñaron los ODM en 2000, tuvieron una agenda de la eficacia de la ayuda. Planificaron reuniones trienales para vigilar los avances y adaptar sus planes.

Durante las reuniones en Paris en 2005 las instituciones poderosas como la ONU, el CAD o la OCDE decidieron unos principios, que incluyeron por ejemplo la apropiación de los países receptores de ayuda de sus propios planes y estrategias. Como siempre las organizaciones de la sociedad civil (OSC) solamente tenían el papel de testimonios y espectadores sin influencia en el suceso.

En las reuniones de Accra en 2008 un tema central era la involucración de más asociaciones y una mayor participación de países receptores de ayuda y de las OSC. Pero todavía solamente hablaron de temas técnicos sin cambiar o abordar las estructuras de gobernanza.

Tres años después, en Busán, decidieron cambiar el sistema para crear más transparencia y trabajar de una forma más responsable. Eso incluyó la creación alianzas para fortalecer la resiliencia y reducir la vulnerabilidad. Seguidamente, el enfoque de la cooperación cambió lentamente: se comenzó a hablar de la eficacia del desarrollo, antes que de la eficacia de la ayuda. Constataron la necesidad de reconsiderar en qué y cómo debe invertirse la ayuda, de modo que actúe como catalizador del desarrollo. El desarrollo sostenible y eficaz requiere de instituciones y políticas eficientes para colaborar.

Este cambio de actuación dio un marco nuevo a las OSC. Ellas posibilitan que la población reclame sus derechos, movilizan fondos y prestan servicios a los ciudadanos.

Para facilitar el trabajo de las OSC, se debe mejorar la legislación o la institucionalización de la participación de las OSC en el diálogo político nacional. Aparte de eso, los proveedores de cooperación al desarrollo pueden hacer más para garantizar que las OSC puedan ejercer su papel como actores independientes de desarrollo.

Las propuestas de las OSC incluyeron varias reuniones para coordinar mejor su trabajo y la fundación de una nueva entidad: La Alianza de OSC para la Eficacia del Desarrollo (AOED). Los objetivos centrales trataron del fortalecimiento del enfoque en la eficacia del desarrollo. Además quisieron responsabilizar a los nuevos donantes en cuanto a los compromisos internacionales y los principios de eficacia del desarrollo y desafiar la noción predominante de que el crecimiento económico y el sector privado son los principales conductores del desarrollo y articular abordajes alternativos.

Las OSC estuvieron muy descontentas con los resultados de la reunión en Busán y criticaron su trabajo: “La sociedad civil percibe con ojos críticos algunos aspectos del DAB. Nos preocupa que la Alianza Global perciba al sector privado y el crecimiento como motores del desarrollo. El DAB únicamente se refiere a los derechos humanos como base del desarrollo y aborda someramente y de forma instrumental los derechos de las mujeres, la sostenibilidad ambiental y la agenda de trabajo decente. Además, nos preocupa mucho que el compromiso del entorno favorable para la sociedad civil no establezca un marco de rendición de cuentas para compensar el retroceso actual de los gobiernos con respecto a los compromisos con las OSC, la democracia y nuestras libertades y derechos fundamentales. Por último, nos preocupa la falta de compromiso por parte de los países socios del Sur con la Alianza conforme va evolucionando el proceso.” (Declaración de Nairobi, nº 6)

Las OSC ven sus tareas muy claramente. Deberían luchar contra la pobreza y la desigualdad y para promover el desarrollo humano en los países socios. Además, es su tarea mejorar la provisión de los bienes públicos globales: la paz, la salud, la calidad medioambiental, la seguridad, la igualdad de género y la estabilidad internacional. Finalmente, deberían promover los intereses exteriores de los Estados: políticos, comerciales, diplomáticos, empresariales.

Pero el paisaje de las organizaciones y actores con respeto al desarrollo se vuelve más y más complejo. Hay nuevos actores en el sistema, por ejemplo el sector privado. El reconocimiento del papel de las empresas en los procesos de desarrollo es necesario y todavía hay un largo camino por recorrer en cuanto a reflexión sobre fines y medios.
Aparte de eso, ahora existen los “Donantes Sur-Sur”. Con esta expresión se refiere a países que han crecido mucho, como por ejemplo Perú, y ahora son capaces de organizar sus propios proyectos al desarrollo – en su país y fuera de él. Hay un gran riesgo de que ellos repliquen errores del pasado, especialmente en cuanto a condicionalidad de la ayuda, y a la falta de enfoques integrales. Además, se fundan más fondos sectoriales globales y más OSC locales, en grados diversísimos de consolidación y eficacia.

Las OSC como motor del desarrollo

Esta complejidad nos impone la pregunta: ¿Qué ventajas suponen las OSC? Aquí se debe dar cuenta de varios aspectos:
  • El argumento social subraya que promueven la participación y llegan hasta los más empobrecidos.
  • El argumento económico destaca la eficiencia de las ONGD.
  • El argumento político: autonomía e independencia, empoderamiento de la sociedad civil, participación ciudadana, reconocimiento de las personas más pobres como sujetos políticos y sujetos de derechos.
  • Y por último, el argumento cultural: son catalizadores más precisos de las necesidades locales.
Por otro lado, también hay retos al sistema de las OSC. Nadie discute la necesidad de la ayuda humanitaria, o de la cooperación con los países más pobres o endeudados. Pero sí se discute en el caso de países con fuerte crecimiento económico. Aquí reside el problema, ya que 70% de las personas pobres del mundo se concentran en los Países de Renta Media (India, Marruecos, Brasil…), que han experimentado desarrollo pero donde todavía hay mucha pobreza por la extrema desigualdad interna.

Así resulta la pregunta ¿qué deben hacer las OSC para ser realmente útiles? Ante el desarrollo de OSC en países del Sur, las del Norte pueden seguir prestando servicios sociales básicos, pero deben centrarse en el cambio y la justicia global. Además, deben combatir las desigualdades: económicas, educativas, laborales, de género, en derechos civiles, etc. mediante el apoyo a la ciudadanía activa. El establecimiento de vínculos más estrechos que las meras transacciones financieras también sería importante. Aparte de esto, deben replantearse su tarea como proveedores directos de servicios sociales (educación, sanidad…) y facilitar a las comunidades locales que reclamen a sus gobiernos la implementación de esos derechos humanos básicos. Para terminar, deben visibilizar el carácter interconectado, doméstico y no solo internacional, de las problemáticas que abordan.

Concluyendo, se puede decir que las OSC han encontrado sus tareas y papeles principales pero será un camino largo conseguir sus objetivos. Especialmente el aumento de la influencia de las Organizaciones de la Sociedad Civil en las decisiones de las organizaciones globales como la ONU será un gran reto. Tal como el logro de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS). Ellos van a necesitar una voz muy alta y mucha publicidad para tener un impacto – Quizás las OSC puedan combinar sus fuerzas con la ONU para conseguir cooperación eficaz y, sobre todo, desarrollo sostenible y eficaz.
 
Fuente: mainel.org
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