jueves, 25 de febrero de 2016

Y después de los ‘millennials’ llega la ‘generación Z’

Los primeros representantes de la Generación Z, la de los nacidos entre 1994 y 2009, están abandonando los campus universitarios y tomando la calle para buscar trabajo y reclamar su puesto en la sociedad. ¿Qué tiene de novedoso este grupo? Algo muy valioso hoy día, ya que se trata de la primera generación que ha incorporado las nuevas tecnologías e internet a su vida desde el comienzo de su educación. Pero también es un colectivo que sabe lo que es crecer en un periodo de crisis económica. Todo esto les ha marcado, aunque es la tecnología la seña de identidad de estos jóvenes formados al calor de las nuevas herramientas, como también han crecido los millennials. Pero los que llegan son los auténticos nativos digitales, los que se han encontrado internet en casi todas las facetas de su vida, con el agravante que supone la deshumanización y la reducción de las posibilidades de encontrar un trabajo.

La Generación Z sabe que buena parte de las profesiones a las que dedicarán su tiempo no existen todavía, por lo que de nada sirve comenzar a prepararse siguiendo un plan formativo tal y como está ahora establecido. Creen que la educación es el camino y no el objetivo, por lo que suplen las limitaciones del currículo académico con el componente vocacional de aquello que más les atrae o para lo que tienen mayor talento.

En este sentido, los docentes alertan de que los jóvenes de la GenZ dan poco valor a la cultura en general y manifiestan lagunas de expresión oral y escrita. También detectan una menor capacidad para conservar la atención en todo aquello que no otorgue resultados a corto plazo, característica que viene dada por la inmediatez a la que están acostumbrados con las nuevas tecnologías. Son rasgos que se recogen en el informe Jóvenes Z, el último salto generacional, elaborado por Deusto Business School.

Movilidad y formación a lo largo de la vida

La movilidad y la formación a lo largo de su vida serán constantes en la historia profesional de estos jóvenes. Esto les anima, según uno de los autores del estudio de Deusto Business School, a afrontar la vida de una forma “constructivista, cada paso supone generar competencias para los demás y para uno mismo, y su objetivo vital es el propio camino en sí, que pasa por desarrollar el espectro de habilidades necesario para participar en los proyectos que a uno le interesan o le hacen feliz”.

Por ello, afirma Iñaki Ortega, “en lugar de escandalizarnos por su forma de comportarse hemos de hacer todo lo posible para que este relevo generacional sea una oportunidad para todos”. Por ejemplo, el sistema educativo afronta grandes retos para adaptarse a este colectivo, cada vez más global, interconectado y sometido a cantidades ingentes de información para procesar. Un cambio que no es sencillo porque los avances tecnológicos van a gran velocidad mientras que las instituciones educativas llevan otro ritmo.

“Es la primera generación que ha asumido que el mundo se ha hecho pequeño, que la diversidad es consustancial a cualquier sociedad moderna, y que el desarrollo democrático, unido al tecnológico, es imparable y genera nuevos derechos humanos”, explica Iñaki Ortega, el director en Madrid de la citada escuela de negocios. Y destaca de este colectivo su creatividad y adaptabilidad a los entornos laborales emergentes, así como la desconfianza hacia el sistema educativo tradicional, que da paso a nuevos modos de aprendizaje más centrados en lo vocacional y en las experiencias y el respeto hacia otras opiniones y estilos de vida.

Fuera jerarquías

La llegada de estos jóvenes autodidactas, creativos y sobreexpuestos a la información, que no entienden de jerarquías ni compartimentos, hace presagiar que el cambio generacional va a ser mucho más radical que el protagonizado por los millennials.

Entre otros cambios, por ejemplo, señala el profesor de la Escuela Técnica Superior de Ingenieros Industriales de Madrid Fernando Herrero, “es urgente reforzar la formación en ciencias, tecnología, ingeniería y matemáticas, sin dejar de cultivar el lado más creativo y comprometido de las humanidades”. Porque lo que también se detecta en todo el mundo es que las nuevas hornadas de estudiantes tienen tendencia a optar por las ramas del conocimiento denominadas STEM (ciencias, tecnología, ingeniería y matemáticas, por sus siglas en inglés), ya que creen que su futuro laboral irá encaminado hacia profesiones relacionadas con la tecnología.

Como gran diferencia respecto a las generaciones anteriores está el modo en que las nuevas tecnologías han condicionado su forma de aprender: gracias a internet se han acostumbrado desde pequeños a no depender tanto de padres y docentes para adquirir el conocimiento. La capacidad para organizar y transmitir la información de estos jóvenes es extremadamente flexible y con una gran facilidad para compartir, lo que les hace estar preparados para trabajar en entornos multiculturales y globales.
La mayoría todavía no se ha incorporado al mundo laboral, pero los que se hallan en esa fase se están encontrando con que el mercado de trabajo les ofrece pocas oportunidades, algo que los expertos consideran transitorio, ya que cambiará a medida que vayan entrando en la edad adulta y se recupere el dinamismo en el empleo. Por ejemplo, en el informe Universum del pasado año se indica que a los GenZ les preocupa no encontrar un empleo acorde a su personalidad, además de no tener posibilidades de crecimiento profesional y no poder alcanzar las metas que se marquen a lo largo de sus carreras.

Una mirada disruptiva

Además, y esto es algo que caracterizará a esta generación, a la hora de estudiar una oferta de trabajo tendrán en cuenta el comportamiento ético del empleador. No lo van a poner fácil. Así lo recalca la alumna Sara Izquierdo, de 19 años, Premio Nacional de Bachillerato, quien asegura que “los jóvenes, porque lo he visto en mi entorno, somos conscientes de que hay que cambiar las cosas y de que no vamos a trabajar para una empresa que, por ejemplo, haya tenido antecedentes de corrupción”.

En este punto también insiste Meriem El Yamri, de 21 años, premio Startup Programme, un programa educativo que tiene como objetivo fomentar el espíritu emprendedor en el ámbito universitario y que ganó este año junto a su equipo de la Universidad Complutense por una propuesta de servicio en la nube que proporciona estadísticas de los datos geolocalizados. “El reto para las empresas es cambiar la forma de hacer las cosas y aprender que una normativa más laxa y unos horarios flexibles ayudan a aumentar la productividad y a generar un mejor ambiente de trabajo”, explica.

Por otro lado, las singularidades de los millennials se van a acentuar, y las empresas deben adaptarse a unas exigencias que pueden originar cambios en sus estructuras organizativas. “Crecer en cuanto al sentimiento de participación en la compañía, más que de ejecución con un horario marcado e inamovible, debe ser el reto a conseguir para las empresas en la nueva era”, afirma el emprendedor y diseñador gráfico Néstor Palao, de 18 años.

Los alumnos GenZ demandan una enseñanza más práctica y flexible, menos formal, orientada a experiencias y habilidades que les ayuden a afrontar un futuro laboral caracterizado por la incertidumbre, con profesiones nuevas, vinculadas a proyectos colectivos de trabajo en red, con la creatividad como componente principal. “El sistema educativo está anquilosado en las inquietudes de una generación pasada que nada tiene que ver con el mundo en el que vivimos”, matiza el emprendedor Luis Iván Cuende, de 20 años.

¿Se adaptará la sociedad a los jóvenes Z?



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